Violencia y Dolor

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Una exploración desde las prácticas y los discursos en el Aikido.

 

Carini Catón, López Alejandro, López Paulo

Lic. Catón Carini

Univ. Nacional de La Plata

Email: catoncarini@yahoo.com.ar

 

Lic. Alejandro Martín López

Planetario de la Ciudad de Buenos Aires

Email: astroamlopez@hotmail.com

 

Prof. Paulo López

Univ. de Morón

Email: mailpaulo3@hotmail.com

 

Resumen

En el presente trabajo abordamos la construcción de las nociones de violencia  y  dolor a través de la práctica corporal y el discurso en el Aikido, un arte marcial japonés surgido a principios del siglo veinte, que hace un especial énfasis en la resolución pacífica de conflictos.

El Aikido forma parte de un conjunto de prácticas marciales surgidas en el Japón de la era Meiji, que buscaron transformar las antiguas disciplinas guerreras en vías de desarrollo personal. Se inscribe dentro de lo que se conoce como artes marciales internas, cuyo énfasis técnico está en el aprovechamiento de la fuerza y energía del oponente. Dentro de este amplio campo, el Aikido se ha distinguido por su interés en la gestión no violenta del conflicto. Su fundador procuró desarrollar técnicas cuya naturaleza física fuera en si misma no violenta y favoreciera la unidad cuerpo-mente-espíritu, Por dicho carácter,  la disciplina se difundió rápidamente en el Japón de postguerra y en la postmodernidad se constituyó en un camino atractivo dentro de las prácticas alternativas disponibles en Occidente

El Aikido, al presentarse, paradójicamente, como una vía marcial superadora de la violencia, supone la deconstrucción de las nociones de violencia y dolor que poseen los individuos que no pertenecen al ámbito de la disciplina o que  recién se inician en ella y su reemplazo por otras. Conceptos como armonizar, ceder, dejar pasar y fluir coexisten en esta construcción con complejas prácticas corporales cuya ejecución implica la aplicación de un dolor controlado. Estas nociones se inscriben en el cuerpo del practicante que se constituye así en un significante que es interpretado dentro del  universo discursivo del Aikido.

Esto nos lleva a explorar la elaboración simultánea de particulares nociones de violencia y de dolor que se configuran como herramientas clave en la gestión pacífica del conflicto e incluso en una acción terapéutica.

El trabajo ha sido realizado mediante la observación participante (los tres autores son practicantes de Aikido, dos de ellos con graduación de 1º dan) y entrevistas en profundidad.

 

El Aikido y las artes marciales japonesas

El Aikido es un arte marcial japonesa, surgida en la primera mitad del siglo XX. Su creador fue Morihei Ueshiba, un afamado maestro marcial, nacido en 1883, en el Japón Meiji. Su padre era un terrataniente próspero y respetado, con participación en el negocio de la pesca y la madera. De niño su débil y enfermiza contextura física hizo que lo impulsara a la práctica de las artes marciales, inicialmente Sumo.  Abandonó sus estudios secundarios en el primer año. A los dieciocho años viajo a Tokio para dedicarse al comercio, practicando en ese tiempo varias artes marciales (incluyendo escuelas de sable y lanza). Participó en la Campaña Ruso-Japonesa, continuando con su entrenamiento en arte  marciales. Al final de la guerra pidió la baja. Para 1909 se asocio con el erudito Minakata, quien había viajado a Estados Unidos e Inglaterra. Junto a él llevó adelante un movimiento de protesta que detuvo la tala de bosques y la erradicación de templos. Inició y lideró una colonia agrícola en Hokkaido. Allí conoció al afamado samurai Sokaku Takeda, quien lo entrenó en el aiki jujutsu. Se vinculó a la secta Omoto-Kyo, fascinado por su lider Onisaburo Deguchi. Muerto su padre, vivió en la sede de la secta, y paulatinamente se distanció de Takeda. En 1924 acompañó a Deguchi a una expedición a Mongolia. Poco antes de su vuelta fue desafiado por un joven oficial naval, suceso que lo condujo a una experiencia mística, que lo convenció de que la verdadera naturaleza del Budo (camino marcial) es la unidad. En 1931 abrió un dojo (lugar de práctica) en Tokio, al que concurrían importantes miembros de la elite política y militar del Japón. En esa época denominaba Aiki-Budo al arte marcial que enseñaba. En 1942, descontento por la brutalidad de la guerra, renunció a todos sus cargos oficiales y se refugió en una granja de Iwama. Durante este período desarrolló profundamente su arte. Luego de la guerra, y bajo el nombre de Aikido, comenzó a difundir su práctica. En los siguientes 20 años, el aikido se expandió en Japón y en otros países. Murió en 1969, quedando al mando de la organización internacional Aikikai  primero su hijo Kisshomaru y hoy día su nieto Moriteru. Luego de la muerte de Morihei se separaron varias escuelas de Aikido, entre ellas la Ki Society Aikido y la  Yoshinkan Aikido.

El Aikido sienta sus bases en el Aiki Jujutsu, un arte de combate samurai sin armas, fundado en el concepto de unirse (ai) a la energía (ki) del oponente. También fue poderosamente influenciado por la práctica del sable japonés (katana) y la esgrima de lanza.

Técnicamente el Aikido se caracteriza como un arte marcial “interno”, lo que significa que apela no a la fuerza física, sino al uso de la respiración, la propia energía y el propio centro de equilibrio para adaptarse y dirigir el movimiento del otro, mediante palancas, llaves y proyecciones. Dos de los principios que distinguen al Aikido  son  la ausencia de competencias y el interés en desanimar la agresión, por medio del control no agresivo. Por ello se lo suele denominar un “Arte de Paz”, que propone una resolución no violenta de los conflictos, mediante técnicas que promueven la unidad cuerpo-mente-espíritu. La naturaleza de sus técnicas y la estrategia general con que enfrenta el conflicto, permite la práctica conjunta de hombres y mujeres y de personas de edades y características muy variadas. Estos elementos favorecieron su difusión internacional, aunque no alcanza la popularidad del Judo o el Karate.

            Como en otras artes marciales japonesas modernas, el Aikido tiene un sistema de graduaciones que consiste en cinco niveles iniciales o kyus (del 5º al 1º), y luego diez niveles superiores o danes (del 1º al 10º). El ascenso de nivel involucra un número mínimo de clases y un examen que implica la ejecución de diferentes combinaciones de técnicas en respuesta al ataque de uno o más compañeros. En general el paso de un nivel al siguiente toma un mínimo de entre seis meses y un año, pero factores como la discontinuidad pueden alargarlo. En este sentido el Aikido está considerado entre las artes marciales de lento aprendizaje. Algunas escuelas utilizan cinturones de colores para distinguir los grados kyu y todas ellas utilizan cinturones negros para los grados dan.

            El comienzo de la práctica en Argentina es un punto polémico dentro del Aikido nacional y existen distintos relatos que los practicantes de las diversas escuelas hacen del mismo.  Algunos de estos relatos indican que el primer practicante de Aikido en Argentina fue el profesor Minoru Saito en 1961. Otros relatos enfatizan que la práctica con continuidad del Aikido llegó a la Argentina en 1964 con el arribo de Miyazawa sensei. En otros discursos el evento decisivo es el arribo al país del sensei Katsutoyshi Kurata en 1958.

Por otra parte, existe una importante cantidad de dojos independientes en la Argentina, en general formando pequeñas agrupaciones de tres o cuatro dojos, algunos de ellos con vínculos directos con maestros japoneses. Esto es parte de una dinámica de fisión muy presente en el ámbito de las artes marciales, y que se ha atribuido a que son sistemas de linaje (Boylan, 1999).

 

El Dojo

            La práctica del Aikido se desarrolla en una institución social llamada dojo (Lugar de práctica de la vía). En Japón este término se emplea para designar el lugar de práctica de diversos “do” o vías de desarrollo del sujeto: caligrafía, sable, arreglos florales, etc.

            El dojo como institución social es el centro de la práctica del Aikido, no sólo en Japón, sino también en el resto del mundo.

            En Argentina muchos dojos están instalados en gimnasios, clubes, sociedades de fomento, etc., compartiendo el espacio con otras actividades. No obstante ello, el visitante ocasional al ingresar al mismo recibe en general una fuerte impresión.

            La configuración general del lugar es bastante similar en todos los casos: el protagonista central es el tatami. Se trata de una plataforma formada por alguna superficie acolchada (colchonetas, goma espuma, aserrín), recubierta por una lona, que es el lugar donde la práctica se lleva a cabo (originalmente se trataba de esteras de paja, típicas del mobiliario japonés). El tatami está dominado por el kamiza o sitio de honor, que se ubica sobre una de sus paredes y oficia de cabecera del mismo. Suele estar compuesto por una foto del fundador y la palabra Aikido escrita en kanjis japoneses (kakemono). En muchos casos hay también un bokken (sable de madera) y un jo (bastón de madera) que son las dos armas tradicionales que se utilizan en el Aikido. Ese sector del tatami es el más importante. Mirándolo de frente, el lado derecho es el lado de mayor importancia  y el izquierdo el de menor importancia. El lado opuesto al kamiza es aquel tras el que se suelen ubicar los potenciales espectadores.

            Además del tatami, un dojo suele contar con vestuarios, para hombres y mujeres (ya que la práctica es mixta). También suele existir una cierta cantidad de sables, bastones y dagas de madera a disposición de los practicantes.

            El dojo es en general un lugar silencioso, en el cual reina una atmósfera ritual que impresiona al recién llegado.  Esto es especialmente cierto durante las prácticas. Antes o después el clima puede ser algo más distendido, pero de todos modos siempre se percibe la sensación de que se trata de un espacio “especial”.

            El proceso de aprendizaje en general implica que el sensei muestra una técnica que responde a un ataque lanzado por un alumno avanzado, muchas veces descomponiendo el movimiento, y con pocas explicaciones verbales, y luego los alumnos la imitan.

           Un aspecto que refuerza las sensaciones descriptas es el hecho de que los practicantes  (según los dojos serán todos ellos o sólo los de mayor graduación) llevan sobre el tradicional keiko (el kimono blanco característico de muchas artes marciales japonesas) "la falda hakama, antiguamente vestido clásico de los samurais (...) En algunas escuelas, todos los practicantes llevan hakama, pero normalmente es un privilegio reservado a los alumnos más avanzados que han demostrado suficiente devoción a este arte [al Aikido]"[1].  La hakama es una suerte de pollera-pantalón. Generalmente de color negra o de colores oscuros, y con siete tablas (que representan las virtudes samurai), este atuendo confiere a los practicantes un aire solemne y monacal.  

      Todo ello da lugar a la posibilidad de experimentar que "al entrar a un dojo, uno penetra en un mundo diferente, un mundo de guerreros. Templo del respeto y la camaradería"[2]. Como lo refiere una informante (Lucrecia, 26 años, estudios secundarios, comerciante, no practicante de Aikido), la cual al visitar ocasionalmente un dojo dijo haber tenido "una sensación de paz" y comparó el lugar con una "sala de relax".   Y también Maximiliano (25 años, estudios secundarios, empleado de comercio, 3º kyu de Aikido,  1 1/2 año de práctica)  recordando sus primeras prácticas de la disciplina:

                                                               "Me llamó la atención la... la...  con la tranquilidad que se dictaba la clase (...) la paz que se quería transmitir (...) que yo lo percibí".

 

Kohai/Sempai

            La relación que articula la práctica y que se constituye en el horizonte de la misma es la de kohai y sempai. En japonés estos términos designan al menor y al mayor respectivamente en un par de personas. En este contexto también implica una relación del estilo alumno-maestro. Se trata de categorías relacionales, de modo que entre dos practicantes siempre uno de ellos será kohai y el otro sempai. La “antigüedad” y la preeminencia que esta relación implica están fuertemente codificada. El primer criterio es la graduación. De tener la misma graduación se apela al tiempo de práctica; y a igualdad del mismo decidirá la edad del practicante (siendo sempai el mayor). Debido a ello (y especialmente si no hay cinturones de colores) la única forma de evitar errores es conocer a los practicantes y ello favorece por tanto a los más antiguos y constantes, que acumulan así un capital social importante.

            La relación descripta articula los comportamientos y el desarrollo de la práctica. La misma se desarrolla, entre los saludos de inicio y cierre, mediante la repetición de una serie de módulos. Cada uno de estos módulos es denominado “una técnica”.  Luego de que el sensei muestra la ejecución de una defensa específica -la “técnica” propiamente dicha- ante un ataque dado los practicantes eligen, por lo general espontáneamente, parejas (o en algunos casos grupos). Establecida la pareja, en cuya elección entran en consideración las “antigüedades” respectivas, es el sempai de la pareja el primero en ejecutar la técnica mostrada, mientras el kohai proporciona el ataque que la desencadena.

            A estos roles de “atacante” y “defensor” se los conoce con el nombre japonés de uke (el proyectado) y nage (el que proyecta). Si bien, luego de algunas repeticiones se intercambian los roles y el atacante toma el rol de defensor y viceversa, en la práctica concreta, y más allá del discurso, nage es identificado espontáneamente con el “sujeto aikidico” y uke con un sujeto  pre o no aikidico. Nage es el que sabe y conduce la acción y uke, el conducido. Ello favorece el establecimiento de una asociación implícita entre sempai y nage y entre kohai y uke.

   La dinámica de interacción entre uke y nage se establece una vez que el sensei da la señal para el comienzo del trabajo sobre la técnica que ha mostrado y prosigue hasta que el sensei da la señal de detenerse. Esta interacción se abre y se cierra con el saludo formal entre ambos practicantes. La elección de la pareja es en general libre, y muchas veces esta condicionada por la historia previa de interacción entre los participantes, su contextura física, la forma en que cada uno practica, etc.

   Por otra parte,  debe tenerse  en cuenta que existen en el Aikido ciertas estructuras físicas concebidas como más propicias para la práctica (sujetos de gran flexibilidad y coordinación), otras como poco apropiadas (físicos propios del  fisiculturismo, falta de flexibilidad, rigidez) y finalmente estructuras físicas temidas como potenciales fuentes de lesiones (sujetos flexibles pero de fuerte musculatura).

   Además, y como señalara Wacquant para el caso del sparring del boxeo,  la interacción se desarrolla en un tempo e intensidad que es renegociado momento a momento por los actores y se constituye en "(...) un lienzo regular y finamente codificados de intercambios que, aunque violentos, no dejan de estar constantemente controlados y cuya confección supone una colaboración práctica y constante de los dos adversarios en la construcción y mantenimiento de un equilibrio conflictivo dinámico"[3]. Cuando uke o nage propone prácticamente un aumento en la velocidad y/o la fuerza empleada, su compañero responde con un aumento similar. Esto suele dar lugar a un crescendo que en general se ve interrumpido por mecanismos de regulación implícitamente codificados. Luego de lo cual, el proceso recomienza a un nivel más bajo. Estos mecanismos incluyen dilaciones en el proceso de levantarse entre una caída y otra, acomodarse la ropa, realizar una caída a mayor distancia de lo necesario, ralentizar las repeticiones, golpear, proyectar o tomar con menor intensidad, etc.

 

   Nage y uke. Podría sostenerse que estos dos términos son pensados por el discurso del Aikido no para hacer referencia a adversarios, sino para señalar a colaboradores que “prestan su cuerpo” para que cada uno, alternadamente, pueda realizar su practica. Lo cual lleva a la existencia entre ambos de un contrato implícito de no-competencia, de colaboración mutua, que cuando es roto, conduce a las situaciones de agresividad y violencia de las que hablan los informantes.

  

   Así lo relata Eduardo (42 años, estudios terciarios, despachante de aeronaves, 1º dan de Aikido, 12 años de práctica):

                                                                                    "(...) ser uke y ser nage, es interactuar,  en determinada actividad,  nada más."

                                                                                    "(...) el otro te está ayudando a hacer tu técnica entonces lo tenès que cuidar como te tenès que cuidar a vos también."                                                

                                                                                    "Y después... los roles [de uke y de nage] cambian, tienen que cambiar... constantemente... de esa forma, vos cuidas a tu compañero y tu compañero te tiene que cuidar a vos. Y tiene que estar atento, a lo que te pasa, sino te va a lastimar."

 

El objeto central de nuestro trabajo es la de analizar la relación que une a las  prácticas corporales y al discurso del Aikido y la forma en la cual ésta construye una formulación alternativa del dolor y la violencia, y que se muestra como un elemento  central en la constitución de una nueva subjetividad.

Dolor, violencia e imitación

 

En el Aikido como en otras artes marciales y deportes de combate, el aprendizaje se realiza por modos eminentemente no verbales, ya que se trata de prácticas indisolublemente ligadas al cuerpo y cuya adquisición remite a experiencias corporales concretas. Es fundamental el rol de la imitación en el aprendizaje y la construcción de unas nociones del dolor y la violencia que difieren de las que el sujeto trae incorporadas en su habitus.    Al respecto nos dice Maximiliano:

                                                                                                        "Fui un día a ver como era la clase... eh... me di cuenta que eso no era para mi. En la primer clase dije: Esto no es para mi (...) me perdía en los movimientos, en coordinación y en...  en, en todo per, perdido (...)"

                                                                                                        "(...) las primeras clases... me, me, me presté a, a a prestar yo muuucha atención a cada palabra que se decía,  a cada movimiento, eh... porque quería ver si, si, si lo podía implementar yo después (...)"

                                                                                                        "Después de la cuarta o quinta clase eh... me, me  gustò, cada clase que iba me gustò un poco más, cada vez mas, cada vez mas , cada vez mas y... hace un año y medio que, que no paro de ir.

La mirada del neófito

            El neófito que se acerca por primera vez a un dojo de Aikido, llega a él con una serie de ideas previas sobre la violencia y el dolor, o mejor aún, con un habitus corporal acerca de ellos. También muchos de los neófitos arriban con una cierta idea acerca del rol de la violencia y el dolor en el Aikido. Las películas de acción de Steven Seagal, practicante de Aikido, han construido parte del imaginario de muchos no-practicantes, acerca de la naturaleza del Aikido. Tal es el caso de Maximiliano:

                                                           "(...) siempre quise hacer algo... de artes marciales y me gusto eh... siempre fui seguidor de... de, de... ¿cómo es este tipo? (...) De Seagal. Siempre me gustaron las películas, siempre me gustaron los movimientos que hacía..."

                                                           "Las otras artes marciales [en relación con el Aikido] ya se usan,  también mucho el golpe, nosotros no usamos golpe (...)"

   En este sentido, se lo percibe como una práctica contundente, capaz de generar un dolor muy intenso, especialmente dirigido a las articulaciones, por medio del cual, con poco esfuerzo se logra dejar fuera de combate a muchos oponentes, ocasionando fracturas y otras lesiones percibidas como extremadamente dolorosas.   En relación con ello Lucrecia se imaginaba poniendo en práctica el Aikido en una situación de pelea real y decía que se pensaba en una actitud de "(...) onda... me defiendo,  pero super relax."

            Otro tipo de neófitos, tienen una vaga idea del Aikido a partir de prácticas como el Yoga y el Tai-Chi-Chuan, Percibiéndolo como una práctica no violenta, de la cual el dolor está ausente, o es mínimo.

            Practicantes de otras disciplinas marciales, especialmente las denominadas externas y que se basan en el uso contundente de la propia fuerza y masa muscular, perciben al Aikido como una práctica “suave”, en la cual el dolor es muy escaso.

            Todos estos tipos de neófitos -especialmente los dos primeros- se ven notablemente sorprendidos cuando contemplan por primera vez una práctica real. Las caídas y saltos llaman poderosamente la atención, y son mencionados como una evidente fuente de dolor y peligro. Los visitantes inexpertos suelen lanzar exclamaciones de asombro o de preocupación al escuchar el golpe de los cuerpos contra el tatami. Del mismo modo, al ver la ejecución de las llaves, manifiestan admiración por lo que entienden es una gran capacidad de soportar un dolor que estiman muy intenso. Pero ello se muestra en conjunción con unos movimientos muy armónicos y circulares, y una actitud en general serena de los practicantes.

           

Seiza, o el dolor de saludar

            El proceso al que hacemos referencia comienza en el momento en que el nuevo practicante ingresa al espacio altamente ritualizado del tatami. A este se ingresa descalzo, y la primera acción a realizar es saludar al kamiza, desde una posición conocida como seiza. Esta consiste en sentarse sobre los talones con el torso vertical descansando sobre la pelvis, las rodillas separadas dos puños y con las manos descansando sobre el regazo. Y dicha postura resulta para el habitus corporal occidental bastante incómoda e incluso dolorosa, especialmente si se mantiene durante períodos prolongados, debido a la falta de elongación y a la interrupción de la circulación sanguínea por las piernas. Sin embargo, para los orientales esta forma de sentarse no sería valorada de igual modo sino que se concebiría como "(...) una postura física más fácil y estable que la de arrodillarse, (...) una postura intermedia entre sentarse con las piernas cruzadas (...) [una] posición para el cuerpo, [que] no es totalmente cómoda ni demasiado rígida"[4]  

            Luego del saludo, esta posición se mantiene durante un cierto tiempo, mientras se realiza la apertura de la clase, que incluye más saludos al kamiza, y al sensei. Los alumnos noveles desarrollan rápidamente estrategias para minimizar la incomodidad y el dolor de esta postura. La más frecuente es separar los glúteos de los talones, para favorecer la circulación y reducir la elongación. También se suele inclinar el torso hacia adelante y apoyar  las manos sobre los muslos para descargar el peso del torso.

            Quienes no logran sostener esta postura, suelen ser invitados a sentarse cruzados de piernas. Pero este gesto deja en evidencia su falta de pericia en el habitus corporal del Aikido, y suele ser declinado mientras es posible. Estudiantes más avanzados abren algo las rodillas para hacer descender el centro del cuerpo y aliviar las piernas.

            En este primer momento y por imitación -ya que las indicaciones para realizar estos actos son en general gestuales- el nuevo practicante empieza a aprender la importancia de mostrar flexibilidad y resistencia a cierto tipo de dolor. Así lo refiere     Maximiliano:

                      "(...) como yo nunca había entrenado ninguna [Arte Marcial], me parecía eh... no se... mucho el ceremonial, el saludar a, a una foto [La del fundador del Aikido, situada en el Kamiza] (...) que yo ni sabía ni quien era (...)  porque de hecho, cuando yo entré [cuando comenzó a practicar por primera vez la disciplina] nadie me dijo vas a saludar al creador del Aikido, que se le tiene tal y tal respeto, o se le tiene que tener (...) Y cuando... traté de copiar los movimientos y... saludar a alguien que ni conocía (...)"

                          "(...) sentí vergüenza [específicamente ante el hecho de saludar a los compañeros de práctica en distintos momentos de la clase] de, de... de no saber lo que estaba haciendo, de, de no saber por qué lo hacía (...) Después uno... o lo, o lo  entiende [al hecho de saludar] o se acostumbra o también depende como lo tome, pero... si te gusta bien y sino no entrenés más."

 

Ukemi, o el dolor de caer

            Luego de una serie de ejercicios de elongación, respiración, y percepción del centro de gravedad del cuerpo, se practica ukemi o “caídas”. Se trata de una parte muy importante del proceso de aprendizaje, ya que ante todo reeduca la percepción del hecho de ser derribado, y entrar en contacto con el piso. Maximiliano, al hablar  acerca de las técnicas, admite lo siguiente:

                                                                                                  "Me gusta... caer. Me gusta mucho caer de arriba [se refiere a saltar dando un rol en el aire, sin apoyar el brazo en el suelo, como protección ante la aplicación de una técnica] (...)"

            En este sentido el ukemi es en si mismo un aprendizaje técnico cuyo objeto es reducir el dolor que provoca una caída, e incluso aprender a usar las caídas como vías de escape a mayores dolores cuando alguien le aplica una llave.

            El concepto central es que la forma circular se opone al dolor, ya que este se provocaría en el choque entre el suelo y aristas del cuerpo. Se va interiorizando en forma corporal la relación entre circularidad y adaptación con la falta de dolor. Lo cual luego se transformará en una noción vital para toda la práctica, e incluirá la aplicación de la idea de circularidad no sólo a las posturas, sino también a las trayectorias, e intenciones.

 

La palabra del practicante

 

   De acuerdo nuevamente con Wacquant (2006) para la práctica del  Boxeo, podríamos decir que en el Aikido la comprehensión que el cuerpo logra de la disciplina es anterior y en cierto sentido superior a la comprensión intelectual,  y en algunos casos hasta exclusiva. Por ello "sólo la experimentación carnal permanente que supone el entrenamiento como complejo coherente de "prácticas de incorporación" permite adquirir este control práctico de las reglas (...) que justamente, dispensa de constituirlas como tales en la conciencia"[5]. Da cuenta de ello Eduardo:

 

                                                           "Todos los movimientos y todas las cosas que aprende el cuerpo después quedan en el cer... quedan en el cerebro. Y el cerebro después, si lo aprende el cuerpo lentamente, el cerebro en un momento va a reaccionar automáticamente..."

 

   Por otro lado, el Aikido es percibido por los practicantes como un arte marcial con características únicas. Es habitual que muchos practicantes de esta disciplina  lleguen a ella decepcionados por la violencia presentes en otras artes marciales practicadas previamente. Eduardo nos comenta al respecto:                         

                                                                                              "Digamos que... [El Aikido o la aplicación de técnicas de Aikido] es el menor de todos los males digamos (...)  Es menos violento. Se pueden provocar... lo que yo creo que lo hace no violento es que vos sabés po, podés provocar lesiones gravísimas... y atenúas eso para que el otro no las sufra. Y tratas de... de ir preparando el cuerpo para que las lesiones no se produzcan (...) A veces se producen (...) yo pienso que Aikido despierta conciencias (...) Y una de las conciencias que desp, que despierta es que el otro te está ayudando a hacer tu técnica entonces lo tenés que cuidar como te tenés que cuidar vos también (...) Despierta una conciencia de respeto y de piedad por la otra persona... Y por uno mismo (...) Eh... la premisa de, de Aikido de Ueshiba es.... no herir, o sea no tiene que... eh... que haber... ni enemigos heridos y la victoria tiene que ser sobre uno mismo (...) Es.... idealmente es ... fantástico, ahora llevarlo a la práctica es muy difícil (...) el atemi en Aikido.... normalmente se aplica para desequilibrar, para confundir, para... pero no son golpes que... que tienden a lastimar o a romper, sino a romper la posición del otro digamos (...)" 

  Así queda expresada la apreciación de muchos practicantes acerca de la propuesta del Aikido: la  búsqueda de la transformación del self mediante una técnica de disciplinamiento  corporal que logre desarrollar en el individuo un "(...) sistema de disposiciones duraderas y trasladables que, integrando experiencias pasadas, funciona en todo momento como una matriz de percepciones, apreciaciones y acciones (...)"[6],  constituyendo de este modo un habitus no-violento. Al respecto Maximiliano nos asegura:

 

                                                                                                       "Me calmó [la práctica de Aikido]. Me, me, me está empezando a calmar los nervios... me... como que, canalizas un montón de cosas... que... que por ay... si no entrenás.. una, un, un  arte marcial o... o una disciplina, porque es una disciplina... eh... por ay te dejas llevar por otras cosas, y eso te hace pensar, te abre la cabeza... eh... no se, yo... creo que... con el tiempo podés llegar a... a, a implementar al Aikido con, eh... al día, a... a cualquier día cotidiano y podés llegar a crecer como persona en ese sentido."

 

Y también otro informante (Silvio, 33 años, estudios secundarios, comerciante, 1º Kyu en Aikido, 4 años de práctica, Moreno) nos dice:

                                                                                                                   "(...) [El aporte del Aikido a la vida diaria sería] frente a ciertas... ciertas  cosas que se te aparecen.... encararlas de otra manera... este... tomárselo de, de  otra manera (...) Eh... no se, más, como más centrado, no desesperarse ante un problema (...) Este... no huirle porque sabes que siempre va a estar ahí.... y tratar de resolverlo (...) Qué sería lo que uno hace en en en la técnica (...) Si vas para atrás sabes que... por ay zafaste de un golpe pero va a venir otro (...) y así como que bueno si.... eh... como tenés la posibilidad de entrar, también podes tener la posibilidad de girar y ver el, el ataque desde otro lado y resolverlo, y bueno eso pasarlo a.... a un problema común (...)"    

 

 

   Podríamos afirmar entonces que el Aikido, mediante movimientos corporales circulares, busca trabajar las emociones violentas y  los pensamientos violentos que los practicantes llevan consigo inscriptos en sus cuerpos.

 

Relaciones jerárquicas

 

   La violencia en el Aikido parece relacionarse con dos tipos de interacciones entre nage y uke, asimétricas en cuanto al status y la experiencia, ya que se dan entre participantes avanzados y participantes que recién se inician en el arte.

   Por un lado, puede suceder que un participante novicio no comprenda este contrato implícito del que hablábamos más arriba, en el cual la relación que une a ambos términos de la interacción es de colaboración y no de competencia, generalmente por un desconocimiento de las "reglas del juego" del Aikido. Si a esto le sumamos una falta de disciplina en cuanto al seguimiento de las indicaciones del profesor, el iniciante puede realizar acciones que exceden su competencia, tales como aplicar una mayor velocidad que la deseada y un uso excesivo de la fuerza en las técnicas. De ello nos habla un informante:

                                                          “Cuando una persona supera un grado mínimo de práctica es de esperar que sepa canalizar toda su intención violenta de una forma constructiva. La persona que recién entra a practicar es de esperar que no tengan ese control de entrada, entonces hay a veces choques o a veces una discusión, pero nunca desde un graduado alto hacia uno que tiene una menor graduación, desde abajo hacia arriba a veces hay situaciones, que no son de violencia sino de falta, todavía, de refinación, falta de comprensión de lo que se está haciendo”

 

   Por otro lado, en algunos casos las situaciones de violencia se relacionan más con el abuso que, un participante avanzado o con mayor fuerza física, puede hacer de su compañero, expresado e el acto de “no dejarle realizar la técnica”. En el caso anterior el factor de violencia se relaciona con falta de control de los propios impulsos violentos, debido a la inexperiencia,  mientras que en este caso la violencia se asocia con la falta de cuidado del otro o con la manifestación de superioridad física y/o técnica. Como lo refiere Pablo (35 años, enfermero, 1° dan de Aikido):

 

                                                                          “(...) una actitud agresiva [en la práctica de Aikido] es poner a un cinturón avanzado a practicar con un cinturón blanco y que no lo cuide. O implicaría un poco de irresponsabilidad. Seria agresivo perder de foco el hecho de cuidar al otro, hacer jiju waza y pavear y lastimar al otro”

 

   Esto último muestra una flagrante falta de respeto del contrato implícito del aikido de cuidar y colaborar con el otro, por parte de un practicante experimentado. Sin embargo Pablo también sostiene que:

                                                                            “Es raro ver una situación violenta o agresiva en el dojo, mas que una practica fuerte que eso es algo de común acuerdo entre los practicantes: practicar más fuerte o practicar más débil, pero no agresión y no violencia”

 

   De modo que cuando se quiere realizar una práctica que excede los patrones habituales de potencia, es necesario renegociar el contrato nage y uke, y llegar a un acuerdo sobre los nuevos límites de la práctica: si no existe este común acuerdo, la situación será percibida como violenta. Eduardo sintetiza estas interacciones entre nage y uke de la siguiente manera:

   

                                                                 "Las prácticas agresivas en Aikido... eh... yo pienso que uno como nage no se puede comportar de una manera agresiva sino está perdiendo la esencia y se y se olvida de utilizar la fuerza del otro (...) agresividad como nage sería... hacer la técnica muy rápido... sabiendo que el otro, que el compañero no está preparado. Pero en general no es agresivo (...)

Uke tiene que ser agresivo... con nage. Porque si uke no es agresivo con nage no le muestra la realidad del movimiento (...) En mi opinión uke tiene que ser agresivo... con nage... pero... dentro de un marco (...) si uke ataca tiene que atacar... es decir...protegiéndose y tratando de no lastimarlo al nage tampoco (...)"  

 

Una tipología emic del dolor.

 

    Dolor-masaje: Lo que es percibido como dolor, a veces es llamado un “masaje”,  denominación que actúa en parte como una manera eufemística de representar al dolor, y de esta manera conjurar su poder perturbador. Por ejemplo, una informante (Graciela, 52 años, abogada, 2° kyu de Aikido)  nos dice que la técnica que menos le gusta es el Yonkyo (La cuarta de las técnicas básicas de inmovilización. Estas técnicas consisten en una neutralización en las que se mantiene contacto físico con el uke y que se extiende desde la primera extensión defensiva del nage hasta el momento en que éste úlitmo paraliza al uke con una llave determinada):    

                                                           “(...) es muy doloroso [el Yonkio] porque hay que tomar hueso con hueso, y bueno si uno actúa como uke, obviamente por más que se trate de no lastimar al compañero, un poco llega a molestar, a doler”

 

        Luego,  al preguntarle si dolían las técnicas de Aikido, tomando como ejemplo el mismo Yonkyo, nos dice que es un masaje en ciertos puntos de presión, que tiene una función terapéutica. O sea que la sensación corporal, en cuanto se toma en cuenta su función, es representada como una técnica terapéutica, un masaje, pero en cuanto a su percepción subjetiva por el propio practicante, es conceptualizada como un dolor. La técnica del Yonkyo es, dentro de la categoría de técnicas de retención en el Aikido, la única en la cual la retención opera por medio de la presión de puntos corporales dolorosos; las otras técnicas de retención emplean el estiramiento de articulaciones.

 

Dolor-estiramiento: En otros casos el dolor se asimila a un estiramiento; como nos dijo un informante:

                                                          “(...) [El Aikido] como elonga  las articulaciones, lo que hace es estirar, estira las fibras musculares, estira las articulaciones, pero no es dolor, puede ser un poco fea pero es la elongación, a medida que uno va ganando en elongación eso se elimina, esa es la idea” ()

 

   Por su parte Horacio comparaba al Aikido con otra disciplina oriental de bienestar psicofísico:

                    “El yoga también es extremadamente doloroso, como estiramiento en si porque el cuerpo asume posiciones a las que no está acostumbrado. Pero con el tiempo de practicar, uno adquiere una flexibilidad tal que es muy difícil que se lastime, aunque se caiga de una escalera, o le pase un accidente, porque tiene esa flexibilidad y esa resistencia adicional. Y lo mismo pasa acá, en general las muñecas, las rodillas, lo hombros, todo el cuerpo en general está sujeto a torsiones, a movimientos de retención, que con el tiempo te llevan a fortalecer las articulaciones”

 

Dolor-control: Es el dolor que provoca las técnicas de retención, pero ya no con respecto a una función terapéutica (masaje) o una función de mantenimiento corporal (estiramiento), sino con el propósito de convencer al oponente de que deponga su actitud agresiva. Según un informante (Daniel, empleado, 2° dan de Aikido), las técnicas de retención:

 

                                                          “(...) logran controlar a una persona a través de dolor, pero de una forma, sin lastimar siempre, pero controlarlo. De esa forma uno puede controlar sin lastimar, y también es un proceso de hacerle entender a la persona que no la está lastimando sino que está controlándolo”

 

   Otro informante nos asegura que un caso real, cuando el atacante siente dolor, su mente no puede pensar en otra cosa: en ese momento se torna dócil y puede deponer su actitud ante los requisitos de su dominador. En este caso el control se torna muy importante, el adversario se ve controlado, y como señaló otro informante, puede comprender que su energía violenta vuelve en su contra, ya no en forma de una agresión, sino de un dolor punzante y sostenido por la técnica de control. Por ello afirma que:

                               “si uno sigue resistiéndose, sigue con la actitud violenta, duele. Ahí si puede doler y se puede lastimar, entonces eso es lo que limita la agresión".  

 

Dolor que lastima: Es el dolor asociado con la violencia dentro de las representaciones corrientes en el Aikido. Este es provocado mediante la flexión de articulaciones en el “sentido contrario a la articulación”. Unánimemente en las declaraciones de los informantes se destaca que una de las particularidades de las técnicas de retención en el Aikido es la de rotar o flexionar las articulaciones en el sentido “natural” de la misma, lo cual, si bien puede ser bastante doloroso, la sensación termina cuando se deja de aplicar la técnica y no continua por más tiempo. El dolor que no lastima es efímero, el dolor que lastima es el que fuerza a las articulaciones en su sentido “inverso” y deja secuelas, por lo cual es un dolor que daña. Notemos cómo las técnicas corporales del Aikido presentan una adecuación al discurso sobre el dolor y la violencia del que se hace cargo. El Jiujitsu -otro arte marcial de origen japonés-  a diferencia del Aikido, utiliza llaves y palancas que rotan o flexionan a las articulaciones en el sentido “contrario”, con lo cual el punto en el cual empiezan a doler no es flexible y si se estira un poco más, la articulación se rompe. Incluso existen en el Jiujitsu ciertas técnicas que se dice que no duelen hasta que están rotas, al contrario del Aikido en donde una técnica puede doler pero sin lastimar. El Jiujitsu es frecuentemente tomado como un ejemplo de arte marcial violento por los propios practicantes de Aikido. Junto a aquel, también se incluyen en esta categoría las artes marciales que se basan en golpes, pues como señalan los informantes, un golpe de karate a la nariz, duele y lastima. Así lo refiere Maximiliano

                                                          "(...) las técnicas [de Aikido]... si las practicamos es para, para hacerlas despacio. Sabemos donde duele y cuando duele. Y si...  vos haces un Shigonage y en vez de acompañarlo en la caída, vos hacés un paso atrás y lo cerrás,  lo podés llegar a lastimar."

                                                         "(...) ponele en un Ushiro... eh... llegan a usar, llegan a salir con sankio y depende de como se mueva eh... el Sankio está bien entrado...  el uke tiene que frenar rápido porque eh... el dolor lo siente enseguida (...)"

 

Dolor y retención

   El repertorio de técnicas que posee el Aikido se centra en una serie de llaves y palancas muchas de las cuales actúan sobre las articulaciones. Mediante las mismas se busca la conducción del movimiento del compañero, ya sea proyectándolo a la distancia, impidiendo su movimiento o dirigiéndolo mediante la aplicación de dolor articular o la amenaza  de dolor y/o lesión

   Estudios médicos han sido llevados a cabo sobre algunas de las técnicas clásicas del Aikido con el fin de estudiar el origen del dolor que se experimenta al recibirlas. Estos trabajos muestran que en Ikkyo, la primera de las técnicas básicas de inmovilización,  el dolor experimentado durante el control final (Shime) se debe, según la variante, a la presión que estimula el nervio ulnar, o a la presión directa sobre la articulación del codo y la posible extensión del músculo braquial (Aunque en este caso es más el temor a la dislocación que el dolor lo que ejerce un efecto disuasorio) (Olson et al., 1991).

En la segunda técnica básica de inmovilización,  Nikyo,  (Olson et al., 1994) el dolor se produce o bien por la extensión de los tendones extensores de la mano y sus músculos asociados (en los principiantes) o bien por la estimulación directa de los terminales nerviosos del periosteum y por la compresión del hueso pisiforme contra el ulna . Es descripto como un dolor  severo y bien localizado Basados en que el dolor de los nervios articulares es difuso y no bien localizado, sugieren que, en practicantes avanzados este dolor podría volverse más difuso y menos intenso por una distensión crónica del ligamento proximal del hueso pisiforme (Eckert et al., 1993).  En la segunda fase de la técnica se da una extensión de los tendones extensores de la mano y los músculos asociados (Olson et al., 1993) (Eckert et al., 1993)

En la cuarta técnica básica de inmovilización, Yonkyo, que ha sido calificada como la más dolorosa del repertorio de retenciones del Aikido, el dolor se produce por presión directa sobre el periosteum del hueso radial (Es el tejido conectivo que rodea al hueso y es sensible a la presión) y sobre los nervios radial superficial y medial, y sobre los muy sensibles tendones asociados a los dedos (Olson et al., 1990)

 

Como vemos se trata de una combinacion de dolores asociados a la presión sobre los  huesos y nervios, la extensión de tendones y músculos y en menor grado la presión sobre las articulaciones.

Las características particulares de este dolor, su gran agudeza e intensidad, la sensación que genera, de la posibilidad de una lesión y especialmente el hecho de que no implica la pérdida de la conciencia, da al dolor generado por las técnicas del  Aikido notas muy peculiares.

En otros deportes de combate, el dolor y la lesión están íntimamente unidos y en general la efectividad del dolor está vinculada a su capacidad de eliminar la conciencia del oponente.

El dolor de las retenciones en Aikido combina una gran intensidad, con la preservación del estado de conciencia, lo cual posibilita al afectado, una cierta deliberación intelectual sobre el curso de acción a seguir. Es ésta característica la que lo constituye en una herramienta útil para la construcción que el Aikido realiza de la economía del conflicto, la cual se basa en la búsqueda del convencimiento o la persuasión  del oponente, acerca de la cierta inutilidad y/o la peligrosidad que constituye su ataque.

A nivel de la experiencia corporal,  la experiencia del dolor en otras artes marciales y deportes de combate, se constituye en el momento de su padecimiento en la experiencia corporal total. En algún sentido se deja de ser para ser solo dolor. En  los casos extremos, esto implica incluso la pérdida de la conciencia. En el  Aikido el uso del dolor articular permite en cierta forma de ser en el dolor,  sin perder el resto de la experiencia corporal ni la conciencia. De esta forma puede permanecerse en él, el tiempo suficiente para poder discernir un curso de acción. El objetivo entonces de quien aplica una técnica de Aikido sería el de persuadir o convencer mediante la aplicación de este dolor, que la persistencia en la intención agresiva es un curso de acción inviable.

El dolor de las retenciones en Aikido, permitiría así, realizar dicho propósito sin la necesidad de ocasionar lesiones, mediante la aplicación de un dolor de una intensidad soportable pero que es subjetivamente percibido como de una enorme peligrosidad.

 

Manifestaciones del dolor

La expresión del dolor en la práctica del Aikido se encuentra también significativamente ritualizada. Existe una precisa codificación de las formas legítimas de la manifestación del dolor que se transmite mayoritariamente por imitación.

Nage debe procurar mostrar  siempre un semblante sereno que no deje traslucir sus emociones. En el especial no debe manifestar ningún signo de dolor. Dado que su tarea consiste en procurar el control de los cuerpos y emociones en juego -tanto los propios como los de uke-  sus expresiones deben reflejar cierta relajación.

Por su parte uke juega, como ya mencionamos,  un rol un tanto ambiguo y su acción se encuentra en la práctica en los límites de lo que se considera  aikidico. Por ello si bien se espera de él un ataque controlado y seguro tiene permitidas algunas expresiones codificadas de dolor. La más extendida de ellas, y que de hecho tiene el carácter de una prescripción, es la ó las palmadas sobre el tatami ó su propio cuerpo con las que avisa a nage que la aplicación de la técnica a la que lo ha sometido lo ha hecho llegar a su límite de tolerancia del dolor. Esto sirve de señal para que nage suspenda la llave que aplica.

Los ukes en general manifiestan su dolor por algunas otras vías, como las expresiones faciales y espiraciones más o menos intensas.

Cualquier otra manifestación de dolor, tal es el caso de gritos, verbalizaciones, ademanes, etc son experimentados como acontecimientos disruptivos que quiebran el “acuerdo de trabajo” establecido entre uke y nage.

   Eduardo hace mención acerca de ello:

                                                           "Y, yo, creo... que en Aikido... aprenderás a ver cuál es el límite del, del dolor propio, trasponerlo... eh... también te educa en la vida y es importante saber ... respetar el límite del, del dolor del otro cuando el otro nos indica a través del golpe en el tatami o, o, [Reproduce la acción de darse una palmada en su muslo] o en la pierna  por ejemplo, cuál es el límite de dolor de la otra persona. Y... eh, siendo en Aikido espejos uno del otro, uno aprende que la otra persona tiene un límite de dolor y yo tengo... hay que respetar ese dolor.Y hay que saber extenderlo también [ ], hay que saber esforzarse para extenderlo."

Dolor disimulado/Dolor simulado.

Hemos mencionado la importancia concedida al hecho de sobrellevar determinados tipos de dolor a la hora de posicionarse  en la jerarquía interna del dojo. De acuerdo con Goffman, esta actitud  se observa como uno de los "papeles" o "rutinas" fundamentales de  los practicantes de Aikido ya que puede entenderse como una "pauta de acción preestablecida que se desarrolla durante una actuación y que puede ser presentada o actuada en otras ocasiones (...)"[7] en el sistema social que constituye el dojo. Y esto ocurre en parte debido a  que se constituye en una prueba de la adquisición de un “cuerpo de Aikido” por parte de quien sobrelleva el dolor que se considera soportable. Pero por otro lado también es un modo de reconocer la solvencia del compañero y que por lo tanto garantiza su buena voluntad. Esto se observa especialmente cuando quien aplica el dolor es un practicante de mayor jerarquía que el que lo recibe. En estos casos soportar el dolor, promueve al practicante de menor jerarquía, a una posición más cercana a la de su compañero aumentado su capital simbólico.

Entre compañeros de graduaciones similares, o más aún si quien padece el dolor es de mayor graduación, es mucho más frecuente escuchar comentarios o reconvenciones.

En todos los dojos suelen existir practicantes que “entran fuerte”, es decir que suelen aplicar una dosis de dolor superior a la media. Estas actitudes se constituyen, de acuerdo con Goffman, en verdaderos conductas disruptivos ya que "cuando ocurren estos sucesos disruptivos la interacción en sí puede llegar a detenerse en un punto de confusión y desconcierto"[8] ya que contradicen, desacreditan o arrojan dudas sobre la proyección del dojo que los practicantes poseen. Existen a su vez, muchas estrategias y tácticas tendientes a evitar este padecimiento extra de dolor y a impedir o compensar las perturbaciones que este tipo de actitudes provocan en la interacción social que constituye la  práctica. Entre ellas podemos mencionar el procurar no constituir una pareja de práctica con practicante que entra fuerte (Por ejemplo, evitando el contacto visual o buscando rápidamente otra pareja o sentándose lejos al final de cada técnica). Y si este tipo de técnicas falla el practicante puede optar como un último recurso,  simular dolores o lesiones que le permitan decorosamente solicitar una práctica más suave.

Por otra parte es característico que los practicantes más antiguos sobrevalúen las prácticas del pasado conceptuándolas como “más realistas”, “fuertes”, “sinceras” lo cual se condice con su posición en la jerarquía del dojo.

 

Ataque y dolor.

Como ya lo adelantáramos, el rol de uke, que desde el discurso es considerado fundamental para el Aikido, es visto en la práctica como extraño al universo conceptual de la disciplina, en parte debido a que éste debe iniciar con una acción agresiva la dinámica de la práctica.

Por ello muchos practicantes tienen serios inconvenientes en desempeñar ese papel a conciencia. La inexistencia de competencias en el aikido, elimina una de las motivaciones, que en otras disciplinas marciales ayudan al agresor a llevar  adelante su rol dentro del conjunto de valores positivos para la práctica. De hecho existe en Aikido un vocabulario mucho más pobre para hacer referencia a estas acciones de uke que para las acciones de nage.

El rol de instigador de la situación de conflicto violento, que es calificado moralmente negativo para la moral de la disciplina, convierte la posición de uke en la sombra de rol de nage. En cierto modo se podría afirmar que el papel que desempeña el individuo que actúa de uke se aproxima a uno de los "roles discrepantes" propuestos por  Goffman: el del "individuo no existente como persona". Este rol - que sería ocupado en otros sistemas sociales por sirvientes, ascensoristas, fotógrafos-  tiene por objeto cumplir una función "técnica" durante la interacción pero que no se encuentra pautada o que lo está de manera muy vaga o ambigüa. Además, y esto es muy singnificativo, "el rol del individuo que pasa inadvertido lleva casi siempre implícito cierto grado de subordinación y falta de respeto (...) [9]  Al respecto, Eduardo nos brindaba la siguiente valoración:

                                                "(...) uke, uke tiene que ser agresivo es decir...cuando, cuando uke ataca con un tsuki, o sea un golpe directo al plexo eh... tiene que apuntar a un... a un,  a un punto y atacarlo (...) Y marcarle, y marcarle al nage... dónde lo puede conectar con un golpe o con, o, o tratar de hacer una contratécnica (...) Entre graduados, entre graduados uno tiene que tratar por lo menos de desarrollar una velocidad y una actitud que, que se asemeje a la realidad. Lo que pasa que en la realidad, una agresión nunca sabes de dónde viene ni cómo viene (...) Pero cuando la técnica después es libre, uno tiene que estar con el cuerpo... flojo y la mente vacía, porque no sabes qué va a venir! Y lo que... tiene que venir tiene que ser... una agresión... simulada o... atenuada, porque tampoco queremos lastimar al nage, si el nage no está preparado... la idea no es... eh... golpearlo en el plexo y... dejarlo fuera de combate, sino mostrarle que,  a cierta velocidad y con cierta potencia...  el golpe puede ser efectivo (...)"

Conclusiones

Las distintas variantes de dolor que es posible experimentar en la práctica del Aikido y su relación con la construcción de un concepto de violencia parten en primera instancia de la división entre kohai y sempai. De los principiantes suele decirse que están “duros” o “rígidos”. Carecen del hábitus corporal del Aikido. Sus movimientos son evaluados como torpes y se considera que no tienen control sobre sus emociones ni su cuerpo. Todo ello puede convertirlos en una fuente -que emana y que recibe-   dolor involuntario o agresividad.

Entre los practicantes que ya tienen alguna graduación se sostiene que se producen de vez en cuando "errores" en el manejo del cuerpo o las emociones que conducen a “chocar” lo cual es posible de provocar un dolor atribuible al error.

En la estructura jerárquica general del dojo estos dos grupos pertenecen a lo que podría considerarse el sector kohai, en relación con los graduados avanzados y el sensei. Entre éstos últimos, la aplicación de dolor implica un manejo controlado y voluntario del propio cuerpo y del cuerpo del  uke. El sensei es percibido en general como alguien que solo aplicará un dolor moderado, que conduce y que es de carácter terapéutico (por lo cual es posible establecer conexiones con la Acupuntura y el Shiatzu). En el caso de los graduados avanzados puede ocurrir que aparezca otro tipo de dolor que implica un eficaz dominio de la corporalidad propia y del otro, pero cuya valoración ética es negativa, puesto que su fin no es conducir sino dominar al otro e imponerse.

El discurso del Aikido propone que el aprendizaje de un nuevo habitus no agresivo, es un proceso gradual que sigue una secuencia que  comenzando en la inexperiencia y la falta de control sobre el propio cuerpo y sobre la propia agresividad y pasando por el control del cuerpo (propio y del otro) con limitado control de la agresividad es capaz de llegar finalmente al control de ambas instancias, o más precisamente a la liberación de las trabas egoicas que distorsionan el fluir natural del Ser.

La biografía del fundador del aikido parece constituirse en el arquetipo de esta idea. El discurso biográfico lo presenta con una niñez enfermiza y débil, de la cual con un esforzado empeño desemboca en una juventud plena de potencia. En este período aprende las artes marciales tradicionales, las domina y prueba su efectividad como combatiente. Esto incluso abarca en parte al propio comienzo del Aikido, el cual deberá probar su efectividad ante otras artes y maestros (siempre se plantean las circunstancias de estas compulsas en términos justificables para la ética del Aikido actual). Finalmente luego de la segunda guerra mundial, Ueshiba tendrá cada vez más la actitud y la apariencia de un sabio shintoista. Es de destacar la poderosa influencia del movimiento shintoista de Onisaburo Deguchi, en el curso de la guerra. Un episodio que sintomáticamente implica el enfrentamiento con un esgrimista desafiante de otra escuela, y que se resuelve sin un golpe, es el momento de la iluminación que marca la transición entre las dos fases.

La figura de cada maestro, parece buscar reactualizar la imagen de esta última fase de Ueshiba. Por ello, y más allá del real grado de control de su agresividad y corporalidad que tenga el maestro, es muy difícil para el practicante adjudicarle a éste actitudes a las que el Aikido califica como violentas (como por ejemplo entrar fuerte). Pero ello al mismo tiempo, veda al practicante la posibilidad de servir de garantía sobre la efectividad de la práctica en el plano del control sobre el otro. El prestigio del maestro proviene de su autoridad moral, que lo presenta como un hombre de gran autocontrol, liberado en gran medida de las tiranías del ego.

Es la figura del sempai, el alumno graduado que actúa como segundo del maestro, la que asume este rol. Es por ello que se observa en muchos casos que el practicante que oficia de sempai asume el rol de un experto en la disciplina, que posee un gran manejo tanto de su cuerpo como el del otro, pero al que se le permite cierto espíritu competitivo y cierto alarde de sus habilidades. De hecho su prestigio se construye sobre la base de su habilidad técnica, su resistencia y su intrepidez. De este modo prueba su efectividad en una etapa en la que no es visto como éticamente incorrecto, y genera un prestigio que ya no deberá refrendar en el caso de que alcance transformase en un maestro.               

Bibliografía

 

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OLSON, GREGORY, FRANK SEITZ. 1994. Wath’s causing the pain?: A re-examination of the Aikido nikyo thecnique. En Perceptual and Motor Skills, 79, pag: 1583-1586.

OLSON, GREGORY, FRANK SEITZ, THOMAS STENZEL. 1991. A martial arts exploration of elbow anatomy: Ikkyo (Aikido’s first teaching). En Perceptual and Motor Skills, 73, pag: 1227-1234.

SAOTOME, MITSUGI. Aikido. Barcelona: Kairos. 1994.

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TADA, MICHITARO. Gestualidad japonesa. Bs. As.: Adriana Hidalgo Editora. 2006.

WACQUANT, LOÏC. Entre las cuerdas. Bs. As.: Siglo Veintiuno Editores. 2006

 



[1] STEVENS JOHN. El Libro del Aikido. Barcelona: Kairós. 2002. p. 47.

[2] SAOTOME, MITSUGI. Aikido. Barcelona: Kairos. 1994. p 277

[3] WACQUANT, LOÏC. Entre las cuerdas. Bs. As.: Siglo Veintiuno Editores. 2006. p 87

 

[4] TADA, MICHITARO. Gestualidad japonesa. Bs. As.: Adriana Hidalgo Editora. 2006. p. 151.

 

[5] op. cit. p. 75.

[6] BOURDIEU, PIERRE, LOÏC WACQUANT. Un Invitación a la Sociología reflexiva. Bs. As.: Siglo Veintiuno Editores. 2005. p. 46.

[7] GOFFMAN, ERVING. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Bs. As.: Amorrortu Editores. 2004. p. 27.

[8] Op. cit. p. 24.

[9] Op. Cit. p. 164